sábado, 29 de octubre de 2011

125 años para la Estatua de la Libertad

La Estatua de la Libertad, icono de Nueva York, imagen de la entrada a Estados Unidos para millones de inmigrantes y máxima representante de la libertad, celebró este viernes su 125 aniversario con una última fiesta antes de su cierre al público durante todo el año que viene para su renovación.
En recuerdo de aquellos emigrantes recibidos por la "Dama de la Libertad" a su llegada en barco a la Gran Manzana, la celebración estuvo precedida por una ceremonia de naturalización de 125 inmigrantes de más de 40 países, uno por cada año que la célebre estatua, regalo de Francia, lleva sobre un pedestal en una pequeña isla sobre las aguas del río Hudson, al sur de Manhattan.


Obra en cobre del escultor francés Frédéric Auguste Bartholdi, la Estatua de la Libertad fue inaugurada oficialmente el 28 de octubre de 1886 por el entonces presidente de Estados Unidos Grover Cleveland.
Ayer, 125 años después, su nieto, George Cleveland, participó en esta ceremonia oficial junto a personalidades como el secretario de Interior de EEUU, Ken Salazar.


El colosal monumento -cuyo rostro puede estar inspirado en el de la viuda del diseñador, Issac Singer- y mide 33,8 metros de altura y pesa 225 toneladas, sujeta con su mano izquierda una tabla que representa la ley y en la que está inscrita en números romanos la fecha de la independencia estadounidense, mientras que a sus pies yace una cadena rota, símbolo también del fin de la opresión.
En su interior, una estrecha escalera de caracol de 154 peldaños serpentea desde los pies hasta la corona, donde se sitúa un observatorio desde donde se pueden ver los impresionantes rascacielos que presiden el sur de Manhattan.

Las escaleras de la Estatua de la Libertad
Como desde hoy ya no se podrá acceder al emblemático monumento durante un año, la Fundación de la Estatua de la Libertad ha decidido instalar cinco cámaras en su antorcha desde las que se podrá ver en Internet y de manera ininterrumpida las vistas de Nueva York.
Mientras tanto, durante doce meses los trabajos de reparación en el monumento arreglarán sus interminables peldaños, construirán un ascensor para subir hasta el observatorio y fortalecerán la seguridad de la estatua, que tras el 11 de septiembre de 2001 fue clausurada al público durante de cuatro años ante el temor de que pudiera ser objetivo de un atentado terrorista.

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